Oswaldo Álvarez Paz
La terapia intensiva del Hospital Militar de Caracas es el escenario de uno de los mayores ejemplos de dignidad en estos tiempos tan menguados. Allí, prácticamente solo, el productor agropecuario Franklin Brito mantiene la huelga de hambre iniciada desde el año pasado como protesta por la invasión y saqueo de sus tierras en el estado Bolívar, sin que se cumplieran los extremos legales para justificar una expropiación por causa de utilidad pública o social, ni pago justo compensatorio por el despojo. A estas alturas parece próximo un desenlace fatal. Ya presenta deterioros irreversibles en su salud que lejos de estimular los sentimientos humanitarios del alto gobierno, de las autoridades militares y personal civil del centro de reclusión ordenado por un tribunal, responsables por su vida, aceleran el trato desconsiderado y nervioso ante un hombre que no se ha doblegado, no ha cedido a presiones abiertas y encubiertas, ni se ha prestado a negociaciones indignas.
Estamos en presencia de un digno testimonio vinculado a la defensa de la propiedad privada. Brito merece nuestro apoyo, toda la solidaridad posible y la pública ratificación de impedir que este régimen termine de liquidar los principios fundamentales tanto de la democracia, como de la existencia misma. Vida, libertad y propiedad son valores básicos que el castro-chavismo tropical relativiza hasta hacerlos desaparecer progresivamente. Para su esposa Elena y su hija Ángela, un mensaje de comprensión y de respeto.
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