DESDE EL PUENTE
POR LOS PRESOS Y EXILADOS POLÍTICOS
Oswaldo
Álvarez Paz
Lunes, 12 de diciembre de
2011
Los pueblos pueden
acostumbrarse a todo. Sucede lo mismo con los individuos. Lo que hace
algunos años era absolutamente inaceptable, ahora se tolera dejando
constancia, de vez en cuando, de nuestro
rechazo. Y lo que antes
era difícilmente tolerable, ahora está dentro de un rango de normalidad
que nos preocupa. Los que viven al lado de las aguas negras terminan por no
percibir el mal olor. Así, las
esperanzas van quedando
confiscadas por una especie de resignación pesimista que cierra a la
gente sobre sí misma, apartando preocupaciones sociales o
políticas, para que cada quien se ocupe de
lo suyo, de sobre vivir,
de cuidar la familia, el negocio, el empleo y la salud. No importa no
avanzar ni crecer. Es suficiente estar vivo, más o menos sano y
mantener la posibilidad de un ingreso para la
subsistencia. Se trata de
una actitud muy extendida. Nos preocupa, aunque entendamos las
motivaciones, que mucha gente se limita a esperar que otros
resuelvan, que sean terceros quienes asuman los
riesgos de la lucha
frontal indispensable para salir del régimen.
Estas reflexiones vienen
a la mente cada vez que el pensamiento es ocupado por la imagen de
los presos y exilados políticos. No podemos abandonarlos. La
insensibilidad no puede llegar al extremo de sólo
lamentarnos con la
esperanza de que el próximo gobierno los libere.
La lucha por la libertad
plena de estos compatriotas debe ser firme, constante y dirigida a
obtener resultados en el menor tiempo posible.
Indigna verificar que
bajo el mandato del vende patria existan tantos o más presos y exilados
que en la dictadura perezjimenista. También podríamos inventariar los
muertos, los torturados y los humillados por la vía del descrédito o la
confiscación de propiedades tanto en el campo como en la ciudad. Medios
de comunicación cerrados o gravemente amenazados, políticos y periodistas
vetados o permanentemente acosados por los esbirros de un régimen capaz de las
peores tropelías para silenciar la creciente disidencia existente.
Los pueblos tienen
derecho a la legítima defensa. En Venezuela desapareció el Derecho. No
hay Constitución, ni Ley, ni orden, ni autoridad capaz de velar
por los derechos de la persona humana que
consagran la libertad y
la propiedad por encima de cualquier interés gubernamental. El país es
víctima de unas aves de rapiña. Sin embargo, la mayoría silenciosa
aunque pasiva físicamente, condena la tiranía.
El régimen sólo podrá
mantenerse sobre la base de la represión y de la violencia física e
institucional. No hay manera legítima para mantenerse por el camino
electoral. Perdió la mayoría. Pero si tuvieran un mínimo de
apego a la justicia, asumirían la derrota más livianos, sin presos ni
exiliados políticos. En el camino hacia esta
nueva Navidad, envío un
abrazo fraterno de solidaridad a todos ellos.
Especialmente a los
compañeros detenidos en el Helicoide, a cargo del SEBIN, por razones que todos
comprenderán. No los olvidaremos jamás.
oalvarezpaz@gmail.com

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